El subempleo en Perú sigue afectando más a las mujeres

Una inserción laboral de mejor calidad permite fortalecer la autonomía económica y ampliar las decisiones de inversión en los hogares.

En el marco del Día Internacional de la Mujer, las cifras muestran que la desigualdad persiste en la calidad del empleo. En 2025, según la Encuesta Permanente de Empleo Nacional (EPEN), el 55% de las mujeres ocupadas –alrededor de 4 millones 315 mil– se encuentra en situación de subempleo. Es decir, tienen empleo, pero laboran menos horas de las que quisieran o perciben ingresos insuficientes. En el caso de los hombres, esta proporción alcanza el 35%, lo que confirma que las mujeres enfrentan con mayor frecuencia empleos inestables o de baja remuneración.

Como se observa en el gráfico, aunque el subempleo disminuyó entre 2022 y 2025, su incidencia sigue siendo mayor en las mujeres. De acuerdo con cálculos de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES), en promedio, durante los últimos cuatro años, hubo alrededor de 820 mil mujeres más que hombres trabajando en estas condiciones. Esto indica que, pese a la mejora general en las cifras, el problema sigue afectando con mayor intensidad a las mujeres.

“Diversos estudios muestran que las mujeres concentran más trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, lo que suele restringir su disponibilidad para empleos de jornada completa o de mayor estabilidad. Esta asignación desigual del tiempo se asocia a una mayor concentración femenina en ocupaciones de menor productividad, factores que incrementan la probabilidad de subempleo por horas o por ingresos”, explicó Gabriela Espinar, economista de REDES.

En línea con esta evidencia, la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT) muestra que, al considerar tanto el trabajo remunerado como el no remunerado, las mujeres registran una mayor carga total de horas trabajadas que los hombres. A 2024, ellas destinan en promedio cerca de 5 horas diarias a actividades domésticas y de cuidado, frente a aproximadamente 2 horas en el caso de los hombres. Esta brecha en la asignación del tiempo genera una restricción efectiva sobre su oferta laboral, pues limita su disponibilidad para empleos de jornada completa, mayor continuidad laboral o mejores trayectorias salariales.

Esta situación no es exclusiva del país. El Banco Mundial advierte que, en promedio, las mujeres destinan entre dos y tres veces más tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado a nivel global. En América Latina y el Caribe, esta sobrecarga se asocia con una mayor probabilidad de inserción en empleos informales, inestables y de menor remuneración, lo que refuerza patrones persistentes de desigualdad en la calidad del empleo.

“No se trata únicamente de incrementar la participación femenina en el mercado laboral, sino de asegurar que esta se dé en condiciones de mayor productividad e ingresos adecuados. Una inserción laboral de mejor calidad permite fortalecer la autonomía económica, que las mujeres puedan planificar su futuro y ampliar las decisiones de inversión en sus vidas y hogares. Esto no solo reduce la vulnerabilidad, sino que también contribuye al crecimiento y al desarrollo sostenible del país”, concluyó la economista de REDES.

De acuerdo con la ONU, impulsar las capacidades laborales de las mujeres genera un efecto multiplicador en la economía, ya que impulsa el PBI y la inversión en educación, eleva la productividad en el tiempo y, al sostener el crecimiento, crea nuevas oportunidades laborales que favorecen condiciones más equilibradas entre hombres y mujeres.

“Hoy el desafío no es solo que más mujeres trabajen, sino que puedan acceder a empleos de mejor calidad y mayor estabilidad. Cuando una mujer se encuentra en subempleo, su autonomía económica se ve limitada, teniendo en cuenta que un ingreso propio y sostenido fortalece su autosuficiencia, reduce la dependencia económica y amplía su capacidad de decidir sobre su propio proyecto de vida. En el caso de aquellas que tienen hijos o responsabilidades familiares, contar con ingresos estables también permite invertir más en educación, salud y bienestar del hogar, creando condiciones más sólidas para el desarrollo de las siguientes generaciones”

La evidencia confirma que este desafío es concreto: una parte significativa de las mujeres trabaja en condiciones que dificultan consolidar ingresos estables. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática, las mujeres presentan una mayor tendencia que los hombres a desempeñarse en actividades de baja productividad. En 2024, el 40% de mujeres ocupadas trabaja como independiente o por cuenta propia. Este tipo de ocupaciones suele caracterizarse por ingresos inestables, menor remuneración y condiciones más precarias, además de una limitada cobertura de beneficios sociales

 

 

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