Un estudiante debe identificar cuáles son las actitudes y acciones que le ayudan a ser más productivo y cuáles debe evitar.
A puertas del inicio de clases, es un excelente momento para planificar el año escolar o universitario y anticipar cualquier obstáculo que nos impida el éxito en los estudios. En esta nota te detallamos buenos hábitos académicos, errores a evitar y factores que determinan un correcto aprendizaje.
Uno de los aspectos claves que promueven el éxito es involucrar al mismo estudiante. Al organizar el regreso a clases con ellos, les entregamos herramientas de vida. La creación de su horario, el forrado de los cuadernos o el orden de sus materiales les da un sentido de pertenencia. Así, les enseñamos a gestionar responsabilidad, compromiso y su propio tiempo.
“Es importante establecer objetivos a corto y largo plazo, de manera que el mismo estudiante identifique las acciones que debe asumir para alcanzarlos. Por ejemplo, si quiere mantener un buen promedio, tendrá que usar menos las redes sociales y dedicar tiempo al estudio”, dijo Rebeca Cahui, psicóloga de la Universidad Católica Sedes Sapientiae (UCSS).
La regulación emocional también es un factor clave, porque el estudiante necesita identificar su capacidad de reacción ante la frustración, la presión, la crítica. Existen escenarios donde deberá aceptar que tiene dificultades y será necesario practicar valores, realizar actividades o frases que le ayuden a calmarse o inspirarse.
Otro punto fundamental es el acompañamiento de los padres. “Las personas que viven con el estudiante pueden favorecer o dificultar el desempeño académico. Es necesario que exista una comunicación constante donde el alumno explique a sus familiares la carga académica y las demandas que tiene para ello”, advirtió.
Hábitos saludables para el estudio.
Un estudiante debe identificar cuáles son las actitudes y acciones que le ayudan a ser más productivo y cuáles debe evitar. Por ejemplo, si le resulta difícil estudiar en casa, es importante evaluar cómo es el ambiente, si hay un lugar apartado del ruido, mobiliarios que le brinden comodidad, una entrada de luz natural para promover la atención.
“Es necesario entender qué frases o palabras pueden motivar a la flexibilidad, al optimismo, a la organización, y cuáles, son las que perjudican su estado de ánimo y, por ende, sus acciones. Ayuda también que se pueda mentalizar estas frases para relajarse con ejercicios de respiración, de meditación y también a través de métodos visuales como un cuadro, una agenda, un diario donde estén plasmadas”, precisó.
Otro punto fundamental es la organización del tiempo. Durante la juventud se cuenta con mayor disposición hacia el aprendizaje y el descubrimiento. A veces los estudiantes pretenden abarcar muchas actividades al mismo tiempo y en ese proceso van determinando las prioridades. En ese sentido, es recomendable adjudicar un grado de dificultad y dedicación a cada actividad.
“Por ejemplo, si está en la universidad, es prudente organizar las tareas según el grado de dificultad y fechas de entrega. Mientras que, lo concerniente a actividades de ocio, familiares, sociales, de pareja, se puede programar según el grado de relevancia y de tiempo”, añadió.
Errores comunes a evitar.
“En mi experiencia como docente universitaria, puedo decir que existen algunos, por ejemplo: falta de organización, procrastinación, uso excesivo de redes sociales, y falta de repaso de las materias”, reveló la especialista de la UCSS.
Muchas veces, por la inexperiencia, los estudiantes pasan por alto ciertas indicaciones y subestiman la prioridad de las tareas, se delega la responsabilidad a la inteligencia artificial o los compañeros, en lugar de asumir con firmeza que la educación a esta edad depende en primer lugar de ellos.
Descubrir cuál es tu estilo de aprendizaje.
Los estilos de aprendizaje son preferencias particulares que determinan cómo un alumno procesa la información. Al reconocer su propio estilo, un joven podrá reforzar los métodos pedagógicos ideales, favoreciendo una mejor comprensión de los cursos y las materias que estudia.
“Cada estudiante puede identificar cuáles son los estilos con los cuales percibe mejor la información, la procesa y así se genera el aprendizaje. Es recomendable visitar a un psicólogo para una evaluación que revele los recursos personales y las deficiencias para luego construir un plan de estudio eficiente que ayude a alcanzar las metas de estudio”, afirmó Cahui.
Algunos de los estilos de aprendizaje son: visual, consiste en aprender visualizando la pizarra, gráficos, organizadores; auditivo, se aprende mejor al escuchar la clase, con la retroalimentación y el debate; lectura-escritura, se caracteriza por usar apuntes y resúmenes; y kinestésico, que requiere llevar a la práctica lo aprendido, por ejemplo, con técnicas de simulación, maquetas, juegos de rol, etc.
“Es recomendable reconocer cuáles son los estilos de aprendizaje que los jóvenes usan frecuentemente y desarrollar métodos de estudio que faciliten el trabajo, recordando siempre que es para comprender mejor, no para exigirse rapidez”, concluyó la especialista de la UCSS.