Insinuaciones inadecuadas

Por Antero Flores-Araoz

En los últimos días, medios de prensa han dado cuenta que damas que se entrevistaban en Palacio de Gobierno con el actual Presidente de la República José Jerí Oré, eran luego contratadas por organismos del Estado para prestar servicios en ellos, suponiendo que había algún tráfico de influencias, lo que con toda lógica viene siendo investigado.

Hasta allí nada que salga de lo usual, sin embargo, algunos medios de expresión han insinuado que las visitas a Palacio de Gobierno a las que nos referimos han tenido un contenido ajeno a la  búsqueda de empleo o que el conseguirlo ha tenido como compensación favores personales.

Lo cierto es que a las damas que visitaron o visitan Palacio de Gobierno, con las insinuaciones aludidas les han arruinado su prestigio, buen nombre y reputación que hubiesen tenido, lo que es absolutamente objetable.

Si bien es cierto que es un derecho humano y constitucional, la libertad de expresión, no es menos cierto que no se trata de un derecho total y absoluto, pues tiene límites, mientras no afecta a derechos de terceros como los derechos al honor, a la buena reputación e intimidad personal, que también están con sagrados en el artículo segundo de nuestra Constitución Política de 1993.

Si bien las personas afectadas por las inconvenientes e inadecuadas insinuaciones pueden actuar en la vía judicial contra los responsables de tales expresiones, no es menos cierto que con la publicidad de tales acciones se les puede hacer muchísimo más daño, aunque irreparable, por eso es que muchísimas personas que son perjudicadas en su honor prefieren “no hacer olas” y que el correr del tiempo vaya ayudando al olvido.

Desde muy antiguo hay la obligación moral y social de proteger el honor de las personas del sexo femenino, tan es así que antiquísimo refrán que conocimos desde temprana edad, rezaba que “a las damas ni con el pétalo de una rosa”.

Mi papá a mi hermano Gerardo y a mi nos decía desde chicos que “los favores de una dama, mueren con uno”, que abundaba en el dicho antes mencionado que “a las damas ni con el pétalo de una rosa”. Tengan bien en cuenta el término: “favores”, que implica muchísimo más de lo que dice.

Es penoso por cierto que ese respeto a las damas se haya ido perdiendo, como también el pretender que cualquier galantería masculina a integrantes de sexo femenino se considere “acoso”. Por lo menos algún varón que le diga a una señorita al subir a un ómnibus: “que lindos ojos tiene”, podrá llevarse como respuesta un sonoro bofetón, además de perder el transporte.

Todo exceso es nocivo y el exceso va a que hasta en norma legal, se haya dispuesto que en los establecimientos públicos, incluso hasta consultorios médicos y jurídicos, al igual que en oficinas y otros locales, se tenga que colocar letrero de grandes dimensiones, con la leyenda de que en tal establecimiento no se permite el acoso a las damas, lo que equivaldría a decir, que si se permite en otros lugares o localidades, lo que sería demencial.

En buen romance recordemos que respetos guardan respetos.

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