El Niño Costero bajo vigilancia: ¿están las empresas preparadas para no repetir errores del pasado?

Un nuevo escenario climático comienza a tomar forma y pone sobre la mesa la importancia de la planificación y la gestión de riesgos ante eventuales lluvias intensas en los próximos meses.

El Niño Costero ha vuelto a colocarse en el centro de atención luego de que se identificaran cambios en las condiciones del océano y la atmósfera frente a la costa peruana. De acuerdo con el más reciente análisis del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN), el país ha pasado a un estado de vigilancia, lo que implica un seguimiento más cercano ante la posible evolución de este evento climático.

“A pesar de que se proyecta un evento de magnitud débil, es fundamental anticiparse. La planificación y la prevención permiten reducir impactos en las personas, la infraestructura y las operaciones, especialmente en escenarios de lluvias intensas o inundaciones”, mencionó Frank Chávez, Gerente de Ingeniería y Prevención de Riesgos Generales de Gallagher Perú.

Según la autoridad, tras el análisis de las condiciones oceánicas y atmosféricas, se decidió declarar el estado del sistema de alerta a “Vigilancia de El Niño Costero”, considerando que marzo será un mes de transición hacia condiciones más cálidas. Esta actualización responde al comportamiento registrado en la denominada región Niño 1+2, un sector del océano Pacífico que abarca principalmente la costa norte y central del Perú, y cuyo calentamiento suele estar directamente asociado a la intensificación de lluvias y otros impactos climáticos.

Proyección climática para los próximos meses, según ENFEN

  • Enero – marzo de 2026: se esperan precipitaciones dentro de los rangos normales en la costa norte y en la vertiente occidental andina norte.
  • Marzo de 2026: las lluvias podrían variar de niveles normales a superiores en la costa norte.
  • Abril – octubre de 2026: el escenario más probable es el de condiciones cálidas débiles, lo que podría dar lugar al desarrollo de un El Niño Costero de baja intensidad.

Desde Gallagher, se recomienda a empresas e instituciones reforzar sus medidas de prevención y mitigación, considerando acciones clave como:

  • Evaluar la vulnerabilidad de los predios frente a lluvias intensas, inundaciones y huaicos.
  • Implementar programas de inspección y limpieza de canaletas, drenajes y cauces cercanos.
  • Coordinar el mantenimiento de defensas ribereñas con autoridades locales u otras empresas de la zona.
  • Identificar áreas dentro de las instalaciones donde el agua podría acumularse y generar daños a personas o activos.
  • Proteger tableros e instalaciones eléctricas expuestas para reducir el riesgo de cortocircuitos.
  • Elaborar, revisar y mantener actualizados los planes de contingencia y continuidad del negocio, incorporando escenarios de lluvias e inundaciones.

‘’El Perú ya ha vivido los impactos de eventos climáticos extremos asociados al Fenómeno El Niño. Estos escenarios ponen en evidencia puntos de mejora en la preparación de muchas organizaciones, lo que hoy obliga a revisar aprendizajes clave’’, recomienda Chávez, de Gallagher Perú.

Por ello, resulta clave revisar los errores más frecuentes que cometieron las empresas durante el último Fenómeno El Niño y que hoy deberían evitar repetir:

  • Ausencia de planes de gestión de riesgos y continuidad del negocio para responder oportunamente a escenarios de lluvias intensas e inundaciones.
  • Falta de planificación del mantenimiento preventivo de infraestructuras clave, como techos, cercos perimétricos, diques o sistemas de drenaje, lo que incrementó el riesgo de daños a los activos dentro de las instalaciones.
  • Falta de diversificación y adaptación de las cadenas de suministro, sin considerar escenarios de bloqueos de carreteras o colapso de puentes por la crecida de ríos, lo que derivó en la paralización de operaciones.
  • Inexistencia de protocolos de comunicación de crisis dirigidos a colaboradores, clientes y demás stakeholders una vez materializado el evento.

En 2017, el Niño Costero afectó con especial intensidad al norte del país, en regiones como Piura y Tumbes, dejando huaicos, inundaciones y severos daños a la infraestructura pública y privada. Y, entre 2023 y 2024, Sudamérica enfrentó el Niño Costero más intenso de los últimos 20 años, con consecuencias aún más graves para las operaciones empresariales.

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