La escasez de combustible en Cuba se ha agudizado hasta afectar la movilidad de millones de ciudadanos, con la suspensión de rutas de microbuses esenciales y serias dificultades para abastecer gasolineras, en medio de un deterioro prolongado de la economía energética de la isla.
La prolongada crisis de combustibles en Cuba se ha intensificado a tal punto que las autoridades y transportistas han anunciado la suspensión parcial o total del servicio de ómnibus locales, especialmente de las populares “gacelas” que constituyen un medio de transporte vital para la población urbana.
De acuerdo con reportes regionales, solo un número muy reducido de unidades continúa operando, y estas ni siquiera pueden cumplir con todas sus rutas planificadas, debido a la falta de combustible para funcionar.
La escasez de gasolina y diésel se ha convertido en una problemática crónica en la isla caribeña, afectando no solo el transporte público sino también la vida cotidiana de los ciudadanos. En varias zonas de La Habana, muchas estaciones de servicio se encuentran cerradas o sin abastecimiento, obligando a los conductores a esperar días e incluso semanas para poder cargar combustible mediante un sistema de turnos digital más limitado.
El déficit se explica por la magnitud del desbalance energético de Cuba: la producción nacional de crudo es insuficiente para cubrir la demanda del país, que requiere más del doble de lo que extrae internamente. Aunque en años anteriores Cuba recibía suministros regulares de petróleo desde Venezuela, esos volúmenes han caído considerablemente.
La crisis energética también ha generado apagones frecuentes y afectaciones en otros servicios básicos, agravando aún más las condiciones de vida de la población.
Las autoridades han intentado desmentir rumores de paros generales en el país, instando a la población a confiar únicamente en los canales oficiales para informarse, pero la realidad de la falta de combustible sigue siendo palpable en el día a día de los cubanos.