Sunass oficializa reestructuración tarifaria que afectará a 2.8 millones de usuarios en Lima, Arequipa y La Libertad; usuarios sin medidor pagarán el doble y enfrentarán corte del servicio

El inicio del año trae consigo un golpe directo al bolsillo de millones de peruanos. La Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass) ha oficializado, mediante publicación en el diario oficial El Peruano, una profunda reestructuración tarifaria que modificará sustancialmente los recibos de agua potable en las tres principales áreas metropolitanas del país: Lima y Callao (Sedapal), Arequipa (Sedapar) y La Libertad (Sedalib).

La medida, fundamentada en el Decreto Legislativo N.º 1620, entrará en vigencia de manera inmediata y se reflejará en el próximo ciclo de facturación de 2026, afectando directamente a más de 2.8 millones de usuarios solo en la capital peruana. El nuevo esquema tarifario introduce aumentos escalonados que pueden representar incrementos de hasta 232% para los consumidores de alto volumen, estableciendo además mecanismos coercitivos para forzar la instalación de medidores en todos los predios del país.

Un «rebalanceo» que genera controversia en medio de deficiencias del servicio

Según los voceros de la Sunass, este ajuste tarifario no constituye un aumento arbitrario, sino un «rebalanceo necesario» para garantizar que las empresas prestadoras puedan cubrir sus costos operativos y financiar inversiones críticas en infraestructura. El objetivo declarado es alcanzar un equilibrio financiero que permita mejorar la continuidad del servicio y elevar los estándares de calidad del agua distribuida.

No obstante, la medida ha desatado una ola de críticas provenientes de diversos sectores de la sociedad civil, organizaciones de consumidores y grupos políticos de oposición. Los cuestionamientos apuntan a la paradoja de incrementar sustancialmente las tarifas en un contexto donde amplias zonas urbanas y periurbanas continúan denunciando deficiencias crónicas en el suministro, cortes frecuentes del servicio y cuestionamientos recurrentes sobre la calidad del agua que llega a los hogares.

«Nos están pidiendo pagar más por un servicio que sigue siendo deficiente en muchos distritos. Hay zonas donde el agua llega solo unas horas al día o simplemente no llega, y ahora pretenden que paguemos tarifas que en algunos casos se duplican o triplican», declaró Rosa Mendoza, representante de la Asociación de Consumidores del Perú.

Cargo fijo mensual: el nuevo piso de facturación

Más allá del costo por metro cúbico consumido, la normativa introduce actualizaciones al cargo fijo mensual, ajustándolo según índices inflacionarios acumulados. Este cargo base, que todo usuario debe pagar independientemente de su nivel de consumo, se ha establecido en S/ 6.32 para Sedapal (Lima y Callao), S/ 3.71 para Sedapar (Arequipa) y S/ 4.82 para Sedalib (La Libertad).

Esta modificación establece un nuevo piso mínimo de facturación que impactará particularmente a hogares de bajo consumo, quienes hasta ahora se beneficiaban de recibos reducidos. La actualización del cargo fijo representa, en la práctica, un incremento directo en la cuenta mensual de todos los usuarios sin excepción, erosionando el poder adquisitivo de las familias en un contexto económico ya deteriorado por presiones inflacionarias en otros rubros esenciales como alimentos y combustibles.

Lima y Callao: sistema escalonado que castiga el alto consumo

Para Lima y Callao, administradas por Sedapal, el nuevo esquema tarifario ha sido diseñado con una estructura de cinco tramos escalonados que penalizan progresivamente el consumo excesivo. El sistema diferencia entre categorías de usuarios, estableciendo costos diferenciados para hogares, comercios e industrias.

Usuarios domésticos:

  • Primeros 10 m³: S/ 2.20 por metro cúbico
  • De 10 a 25 m³: S/ 3.41 por metro cúbico
  • De 25 a 50 m³: S/ 5.86 por metro cúbico
  • Más de 50 m³: S/ 7.32 por metro cúbico

Para dimensionar el impacto, una familia que consume 60 metros cúbicos mensuales (considerado alto consumo) pagará aproximadamente S/ 316.50 solo por el servicio de agua, sin contar alcantarillado ni el cargo fijo, lo que representa un incremento significativo respecto al esquema anterior.

Sectores comercial e industrial: Estos segmentos enfrentarán las tarifas más elevadas del sistema, con costos que pueden alcanzar hasta S/ 9.46 por metro cúbico en sus tramos más altos. La medida busca que estos sectores, que tradicionalmente han tenido subsidios cruzados, asuman el costo real del servicio que reciben. Sin embargo, cámaras de comercio han advertido que estos incrementos se trasladarán inevitablemente a los precios finales de productos y servicios, generando un efecto inflacionario secundario.

Tarifa social protegida: Como salvaguarda para los sectores más vulnerables, se mantiene una tarifa social de S/ 1.92 por metro cúbico para hogares calificados como población de extrema pobreza o que demuestren condiciones de vulnerabilidad socioeconómica. Sin embargo, grupos de defensa de derechos sociales han señalado que los mecanismos de acceso a esta tarifa preferencial son burocráticos y excluyentes, dejando fuera a miles de familias que requieren esta protección.

Arequipa y La Libertad: variaciones regionales según realidad local

La situación en provincias presenta particularidades que reflejan las condiciones económicas y de infraestructura de cada región. En Arequipa, bajo la administración de Sedapar, el sistema tarifario establece:

  • Tarifa doméstica básica: S/ 1.21 por m³ para los primeros 10 metros cúbicos
  • Escala progresiva hasta S/ 4.28 por m³ para consumos superiores a 30 metros cúbicos
  • Cargo fijo mensual: S/ 3.71

En La Libertad, donde opera Sedalib, las tarifas muestran variaciones geográficas significativas. Para Trujillo y las principales localidades urbanas, el costo inicial se establece en S/ 2.42 por metro cúbico hasta los primeros 8 m³, mientras que localidades específicas como El Pedregal, Chepén o zonas rurales cuentan con tarifas diferenciadas que reconocen su menor capacidad económica y las particularidades de sus sistemas de abastecimiento.

Esta diferenciación territorial, si bien busca adaptarse a realidades locales, ha generado cuestionamientos sobre equidad y criterios técnicos de asignación. Usuarios de distritos periféricos argumentan que no deberían pagar tarifas similares a zonas céntricas cuando la calidad y continuidad de su servicio es notoriamente inferior.

Micromedición obligatoria: presión coercitiva contra usuarios sin medidor

Uno de los aspectos más controvertidos de la nueva normativa es la presión agresiva hacia la universalización de la micromedición. La Sunass ha establecido mecanismos punitivos para aquellos usuarios que se resistan a la instalación de medidores domiciliarios en sus predios.

Según las nuevas disposiciones, los usuarios sin medidor verán duplicada de manera automática e inmediata su asignación de consumo mensual, lo que se traducirá en recibos significativamente más elevados. Pero la medida va más allá: si la negativa persiste por más de dos ciclos de facturación consecutivos, las empresas prestadoras quedan facultadas para proceder con el corte definitivo del servicio.

Esta política busca eliminar el consumo no medido, que según estudios técnicos representa pérdidas significativas y genera subsidios cruzados injustos donde usuarios conscientes del recurso terminan financiando el derroche de otros. La Sunass argumenta que la micromedición es fundamental para promover el uso responsable del agua, reducir desperdicios y garantizar la sostenibilidad financiera del sistema.

Sin embargo, organizaciones de derechos humanos han cuestionado la proporcionalidad de estas medidas, señalando que el corte del servicio de agua potable afecta un derecho humano fundamental reconocido por tratados internacionales. Además, han alertado sobre casos de usuarios que rechazan medidores por desconfianza hacia posibles errores de medición o por experiencias previas negativas con equipos defectuosos que generaron cobros excesivos.

Contexto económico adverso profundiza impacto social

Este incremento tarifario llega en un momento particularmente delicado para la economía de los hogares peruanos. El país atraviesa un periodo de desaceleración económica, con índices de empleo informal persistentemente altos, erosión del poder adquisitivo por presiones inflacionarias acumuladas y un contexto de incertidumbre política que afecta la inversión y el crecimiento.

Economistas consultados advierten que incrementos sustanciales en servicios básicos como el agua potable tienen efectos regresivos, afectando proporcionalmente más a los deciles de menores ingresos. Mientras que para familias de clase media y alta el incremento puede representar un ajuste manejable en sus presupuestos, para hogares vulnerables puede significar la necesidad de recortar gastos en alimentación, educación o salud para poder cubrir los servicios básicos.

El Banco Central de Reserva del Perú proyecta que ajustes tarifarios en servicios públicos podrían añadir entre 0.3% y 0.5% a la inflación anual, dependiendo de la magnitud de los incrementos y su implementación escalonada o simultánea en diversos sectores.

Reacciones políticas y llamados a fiscalización

Desde el Congreso de la República, diversas bancadas han anunciado su intención de citar a representantes de la Sunass y de las empresas prestadoras para que expliquen los criterios técnicos utilizados en la determinación de las nuevas tarifas. Congresistas de oposición han cuestionado la transparencia del proceso y demandan auditorías independientes que verifiquen que los incrementos respondan efectivamente a necesidades operativas reales y no a ineficiencias administrativas o sobrecostos injustificados.

«No podemos permitir que se traslade a los usuarios la ineficiencia de estas empresas. Si van a cobrar más, tienen que demostrar que ese dinero se invertirá efectivamente en mejorar el servicio y no en cubrir planillas infladas o contratos sobrevalorados», declaró el congresista Marco Gutiérrez, de la Comisión de Defensa del Consumidor.

Por su parte, la Defensoría del Pueblo ha anunciado que monitoreará de cerca la implementación de estas tarifas y ha habilitado líneas de atención para recibir denuncias de usuarios que consideren que sus cobros son excesivos o que no se están respetando las categorías tarifarias establecidas por ley.

¿Qué pueden hacer los usuarios afectados?

Ante este nuevo escenario tarifario, expertos en derechos del consumidor recomiendan a los usuarios:

  1. Verificar que su recibo refleje correctamente la categoría tarifaria que les corresponde según su tipo de predio y consumo.
  2. Revisar la correcta aplicación del cargo fijo según la empresa prestadora de su jurisdicción.
  3. Solicitar la instalación de medidores si aún no cuentan con uno, para evitar la duplicación punitiva del consumo asignado.
  4. Implementar medidas de ahorro y uso eficiente del agua para reducir el volumen facturado mensualmente.
  5. Presentar reclamos formales ante las empresas prestadoras y, si no obtienen respuesta satisfactoria, escalar el caso ante la Sunass o la Defensoría del Pueblo.
  6. Explorar la posibilidad de acceder a la tarifa social si cumplen con los requisitos de vulnerabilidad socioeconómica.

El nuevo esquema tarifario del agua en el Perú representa uno de los ajustes más significativos en servicios públicos básicos de los últimos años. Mientras las autoridades defienden la medida como necesaria para la sostenibilidad del sector, millones de peruanos se preparan para asumir un costo adicional en sus presupuestos familiares, en un contexto donde la calidad y continuidad del servicio que reciben sigue siendo materia de constante cuestionamiento.

Los próximos meses serán decisivos para evaluar el impacto real de estas medidas tanto en la situación financiera de las empresas prestadoras como en la capacidad de pago de los usuarios y, fundamentalmente, en la mejora efectiva del servicio que justifica estos incrementos sustanciales.

 

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