Miraflores deja caer el Manuel Bonilla y lo convierte en garaje municipal entre abandono y excusas

Más de dos años cerrado, millones bloqueados y un coliseo convertido en depósito revelan la desidia política de dos gestiones del mismo partido.

El Complejo Deportivo Niño Héroe Manuel Bonilla se ha convertido en la postal del deterioro de Miraflores tal como le reveló La República. Lo que antes era escenario de competencias deportivas, orgullo vecinal y actividad barrial hoy luce como un terreno abandonado donde la tierra, los residuos y los vehículos municipales ocupan el lugar que antes pertenecía a los hinchas. La obra de remodelación, valorizada en más de treinta y un millones de soles, quedó atrapada en un nudo legal que expone la responsabilidad política de las gestiones de Luis Molina y Carlos Canales, ambos de Renovación Popular.

La memoria de los vecinos

Para quienes crecieron en Miraflores, el deterioro es casi una herida abierta. John Ánchez, vecino de toda la vida, resume la frustración con una nostalgia que se mezcla con rabia. Recuerda la inauguración del complejo en tiempos del alcalde Alberto Andrade y contrasta aquella época vibrante con el presente en el que el coliseo es solo una explanada desierta invadida por polvo y residuos. Su testimonio tiene el mismo hilo común que se repite entre los residentes del distrito: la sensación de abandono y la ausencia total de un plan que devuelva el espacio a la comunidad.

El origen político del desastre

El declive del complejo comenzó en el final de la gestión de Luis Molina, quien anunció la remodelación con entusiasmo. La obra inició en diciembre de 2022 pero avanzó apenas un poco más del tres por ciento antes de quedar paralizada. Ya en 2023, la gestión de Carlos Canales declaró la nulidad del contrato al descubrir que el Consorcio Bonilla presentó un certificado falso de experiencia. La nulidad fue legal, pero las consecuencias golpearon al distrito. Con tres arbitrajes en marcha y millones de soles bloqueados en el Sistema Integrado de Administración Financiera, ninguna autoridad pudo intervenir el espacio mientras los procesos continuaban. Ambas gestiones, parte de Renovación Popular, enfrentan hoy cuestionamientos públicos por un legado que combina negligencia, falta de control y conflictos internos. Molina, además, ejerce actualmente un cargo importante en Lima designado por la administración de Rafael López Aliaga.

Un complejo convertido en depósito municipal

La degradación física es evidente. Durante una visita periodística, camiones municipales ingresaron para descargar tierra en la zona donde antes jugaban equipos y vecinos. El municipio argumenta que el predio es de su propiedad y que mientras no se reactive el proyecto puede ser usado para actividades municipales. Sin embargo, las imágenes muestran más que un vivero provisional. Se observan autos en desuso, macetas, motos, ambulancias y hasta ropa tendida. Las versiones oficiales cambian según el momento. Primero se negó el uso como botadero. Luego se aseguró que todo era tierra limpia destinada a parques. Ante las fotos, la explicación viró otra vez. El regidor Renato Otiniano fue claro al advertir que esta práctica es sistemática y que el gobierno municipal prefiere negarlo antes que afrontar la responsabilidad. Para los vecinos la situación es aún más simple: el complejo se ha convertido en un garaje, un depósito y un punto de descarga de residuos.

Riesgos estructurales ignorados

El peligro no es solo estético. Aunque el coliseo permanece cerrado por deterioro estructural, fue usado para una fiesta interna por el Día del Trabajador Municipal. Otiniano denunció que el techo, visiblemente comprometido, amenaza con desplomarse. La revelación expone un nivel de irresponsabilidad que inquieta a los vecinos. El gerente Lino De La Barrera reconoció que estudios recientes detectaron acumulación de agua bajo el suelo y recordó que el terreno es un acantilado rellenado. La solución requiere trabajos profundos que no tienen fecha ni financiamiento disponibles. Aun así, la gestión municipal insiste en que se tomaron las previsiones necesarias, aunque no explica cuáles.

Vecinos sin espacios y una gestión sin respuestas

Los vecinos de Miraflores lamentan que los principales complejos del distrito, incluido el Chino Suárez, estén cerrados y sin uso ciudadano. La frustración crece mientras la municipalidad destina este espacio a fines administrativos sin priorizar el deporte ni la actividad comunitaria. Las explicaciones oficiales se sostienen cada vez menos frente a la evidencia. Lo que debería ser un eje deportivo es hoy un símbolo del abandono político. Las consecuencias se sienten en la vida diaria de miles de residentes que ya no cuentan con espacios públicos seguros ni funcionales.

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