El especialista destaca que estas guías pueden funcionar como un puente entre la formación académica y la realidad empresarial.
En un mercado laboral donde cada vez es más evidente la brecha entre lo que enseñan las aulas y lo que demandan las empresas, surge una propuesta que podría marcar un punto de inflexión en la gestión del talento joven: implementar guías internas de formación para practicantes, enfocadas en fortalecer habilidades blandas durante los últimos meses de prácticas.
El objetivo no es solo mejorar la experiencia de aprendizaje de los practicantes, sino también prepararlos de forma más efectiva para su ingreso al mundo laboral, reduciendo la curva de adaptación y facilitando la transición hacia el empleo formal.
Según datos de la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (SUNAFIL), en el Perú existen más de 30 mil jóvenes realizando prácticas pre y profesionales en el sector privado. Sin embargo, la mayoría de ellos no cuenta con un plan estructurado de desarrollo, más allá de las tareas operativas del día a día.
Entre los aspectos que deberían fortalecerse o incorporarse se destacan:
- Seguimiento personalizado: cada practicante debería contar con un mentor que supervise su progreso, brinde retroalimentación constante y lo oriente en su integración al equipo.
- Evaluación de habilidades blandas: incluir indicadores claros que midan la evolución en comunicación, organización, trabajo colaborativo y adaptación a nuevos entornos.
- Rotación por áreas o proyectos cortos: ofrecer experiencias breves en distintos equipos para reforzar la visión integral del negocio y estimular la flexibilidad.
- Espacios de aprendizaje práctico: sesiones internas sobre gestión del tiempo, comunicación interpersonal y resolución de conflictos.
- Retroalimentación de cierre: al finalizar las prácticas, realizar una evaluación conjunta entre mentor y practicante, que permita identificar fortalezas y áreas de mejora antes de la incorporación laboral.
“Las empresas que acompañan la formación de sus practicantes con módulos formales de comunicación, organización y adaptación no solo fortalecen su cultura interna, sino que incrementan la productividad del talento joven en sus primeros meses”, explica Giancarlo Ameghino, gerente de Gestión y Desarrollo Humano del Grupo Crosland.
El especialista destaca que estas guías pueden funcionar como un puente entre la formación académica y la realidad empresarial, permitiendo que los jóvenes desarrollen habilidades que el mercado actual exige: comunicación efectiva, trabajo en equipo, liderazgo, resolución de problemas y adaptación a entornos híbridos.