Por Antero Flores-Araoz
Se supone que la mejor forma de solucionar controversias es cuando un tercero, no inmerso en el problema, escucha a las partes y da su veredicto. Este tercero por lo general es del Sector Público y se le denomina juez, sin embargo, hay terceros que son del Sector Privado y actúan como árbitros.
Pese a todo lo vivido y experimentado por el ser humano y los milenios transcurridos desde la creación del universo, todavía hay personas naturales, instituciones y Estados que pretenden solucionar sus desavenencias por la fuerza y con la violencia.
Solo tenemos que escuchar la radio, espectar la televisión, leer la prensa escrita u, observar las redes sociales, para darnos cuenta que la violencia sigue en su apogeo y que ni las fuerzas del orden ni tampoco los tribunales han logrado borrarla del mapa y, tratándose de controversias internacionales, los organismos multilaterales y multinacionales creados para la búsqueda de la paz no pueden mostrar éxito, salvo en muy contadas excepciones y sin mayor temporalidad.
Ahora bien, tratándose de época electoral la violencia y sus consecuencias aumentan los decibeles, pues además de estar en juego la vida e integridad de los candidatos y de los jerarcas partidarios, hay seguidores de ellos que se sulfuran por cualquier expresión y/o declaración, y que adicionalmente están prejuiciados respecto a los demás candidatos, perdiendo toda objetividad.
Como podemos apreciar el clima que se vive en muchísimos períodos electorales es el de la violencia más no el de la tolerancia, lo que hace muchísimo más peligroso dicho período.
En efecto no solo está en juego, como hemos dicho, la vida e integridad física de los ciudadanos, sino también sufren los aspectos sociales y económicos. Si se tenía planificado hacer alguna inversión, se postergará la ejecución hasta conocerse el resultado del sufragio y si se tenía pensado o proyectado hacer aumentos de sueldos y salarios o ampliar la cantidad de colaboradores, todo ello también será pospuesto hasta conocer el resultado electoral.
Todo esto es bueno que los ciudadanos lo tengan bien claro para que no se produzca el desaguisado del 2021 en que se eligió al peor de los candidatos y al menos preparado para conducir los destinos del Perú.
Pero peor aún, el ciudadano común y corriente, para mostrar su desagrado, sea con el populismo congresal y/o populismo gubernamental, dilapidando el erario nacional que se consigue con la tributación a cargo de todos nosotros, lo demuestra con la expresión “que se vayan todos” y se materializa con un voto de protesta, que no es otro que poner su voto -no digo en el menos malo- sino en el peor de todos.
También las fuerzas del orden, las fiscalías y los jueces tienen que actuar ante los actos de violencia contra candidatos y directivos de agrupaciones políticas, pues de no hacerlo la sensación será de “caja abierta” y no olvidemos añejo refrán que “En cama abierta el, justo peca”.
Ya es hora que los ciudadanos piensen y actúen con el cerebro, dejando el hígado de lado.