La transición hacia este modelo no requiere grandes inversiones tecnológicas, sino decisiones claras.
El comportamiento del consumidor ha cambiado. Las personas ya no solo evalúan precio, producto o publicidad, también exigen coherencia, ética y personalización en tiempo real. Ante este nuevo escenario, surge el enfoque del marketing 6.0, un modelo que integra inteligencia artificial, gestión de emociones y compromiso social como pilares para conectar con audiencias más exigentes.
Este cambio responde a una demanda concreta: el 78 % de los consumidores espera que las marcas comprendan su contexto emocional antes de ofrecer productos o servicios, según el estudio Global Consumer Study de IBM (2024). Además, más del 60 % prioriza marcas que gestionan sus datos con responsabilidad y transparencia.
Christian García, docente de la carrera de Marketing en Zegel, la primera escuela de negocios del país, explica que la transformación no solo implica el uso de tecnología, sino un cambio en la forma de interactuar. “Hoy no basta con automatizar procesos o segmentar públicos. Las marcas deben incorporar herramientas que les permitan interpretar emociones, actuar con base en datos y responder con propósito”, señala.
En la práctica, esto significa que las empresas deben adaptar sus canales de atención, contenidos y mensajes a estados emocionales cambiantes, utilizando tecnologías como inteligencia artificial, sistemas predictivos y herramientas de análisis del comportamiento del usuario. Al mismo tiempo, deben garantizar la protección de los datos y actuar con coherencia frente a sus compromisos sociales y ambientales.
Este enfoque ya se aplica en sectores como banca, educación, comercio electrónico y servicios, donde se implementan soluciones que ajustan el tono de interacción o el tipo de oferta según la etapa emocional del cliente. Según IBM, este tipo de personalización mejora en un 40 % la fidelización y la tasa de conversión en entornos digitales.
Para el especialista de Zegel, el reto no es solo técnico, sino estratégico. “Muchas marcas siguen centradas en métricas superficiales, cuando hoy la ventaja está en anticiparse al comportamiento, ofrecer experiencias significativas y sostener una narrativa coherente”, añade.
Además, el marketing 6.0 plantea una exigencia adicional: cumplir lo que se promete. En un entorno donde los consumidores detectan rápidamente incoherencias, las acciones tienen más peso que los mensajes. Las marcas que actúan con propósito tienen mejor reputación, menor rotación de clientes y mayores niveles de confianza.
La transición hacia este modelo no requiere grandes inversiones tecnológicas, sino decisiones claras. Priorizar el análisis de datos con enfoque humano, actualizar los protocolos de atención, formar a los equipos en ética digital y revisar el propósito institucional son pasos clave para adaptarse.
En un mercado donde la diferencia entre competir y desaparecer puede estar en la experiencia de usuario, el marketing 6.0 no es una opción a futuro. Es la respuesta actual para sostener la relevancia y la confianza en entornos cada vez más dinámicos.