La tentación… Una experiencia humana a considerar

Por Claudio Valerio


Bien explicitado está en la oración del “Padre nuestro”, siendo la misma una petición: “No nos dejes caer en la tentación”.

La tentación del poder político transforma a los individuos y los hace irreconocibles. Pero no solo este efecto  trata la tentación sobre las personas. Porque, lamentablemente, la tentación forma parte de la condición humana, al punto de pertenecer a la misma. No hay día en que no escuchemos, de una forma seductora, a sus voces; penosamente la voluntad es débil.

El hambre es la primera tentación. Se trata de ese llamado del cuerpo a satisfacer todas sus demandas. Y así se llega a que el cuerpo se convierte en un valor absoluto al que, sin límites, hay complacer. Es impresionante el culto al cuerpo y al placer que hoy el mundo realiza, ambos reforzados por mensajes a través de la publicidad… Pero, quienes vivimos en esta sociedad consumista, que nos impulsa y alienta a explorar nuevas sensaciones, a disfrutar sin medida, deberíamos meditar que “No solo de las cosas materiales vive el hombre”; una frase muy profunda, por cierto.

La segunda tentación a considerar es cuando se quiere poner a la religión al servicio de intereses mezquinos. Esto es a partir de los montajes televisivos y de falsas curaciones realizadas en estudios de TV.  Dios actúa de manera discreta, y su accionar también; y rechaza el «milagrismo» mal conceptuado.

La más atrevida de las tentaciones es la planteada como tercera; y es cuando se nos invita a adorar a otros falsos dioses para, como recompensa, recibir poder y riqueza, abandonando con ello el servicio de Nuestro Padre del cielo. Demasiadas han sido las personas que traicionando los más valores más sagrados, sucumbieron a esta tentación… Pero bueno, incluso Adán y Eva fueron  hipnotizados por la ilusión de llegar a ser como dioses; se les fueron las luces a la cabeza y, desde luego, ya sabemos que hicieron la apuesta equivocada y perdieron.

En el mundo de los negocios, y ante la posibilidad de obtener grandes utilidades, tanto el empresario como el comerciante, se olvidan de los principios éticos y emprenden acciones que los pueden conducir a la pérdida de su reconocimiento social, o llevarlos a la cárcel. La tentación de la riqueza enceguece.

En la vida matrimonial es posible que alguno de sus miembros se “vayan tentados por las luces”; queda deslumbrado ante la aparición de una tercera persona en su camino; y, deslumbrado, dejan de lado una historia construida con su pareja, años de matrimonio e hijos, tirando todo por la borda por ese hechizo… En los momentos de pasión y de locura, no hay razonamiento que haga reflexionar a estas personas.

En la vida política, es posible que las ambiciones de poder empujen a los actores políticos a que hagan promesas que no se pueden cumplir, a trazar alianzas que no se van a respetar; y hasta los llevan a hablar de justicia y equidad cuando lo único que importa es el logro individual.

A lo largo de todos los tiempos, la gran tentación del ser humano ha sido querer ser como Dios… Muchos han cedido a la tentación de sentirse superiores, a considerarse dueños de la verdad; a la estúpida creencia de que no necesitan de nadie ni de nada; ni siquiera de Dios.

La soberbia nos hace perder el sentido de los límites, encegueciendo el corazón y la mente.

Reflexionemos sobre todo esto y pidamos a Dios el poder superar positivamente las tentaciones que encontraremos en el camino de la vida, confirmando nuestras opciones de vida; y que salgamos fortalecidos en nuestras convicciones.

Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires), recibe un saludo, y mi deseo de que la vida te sonría y permita que prosperes en todo, derramando sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha prosperidad.

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