El ingeniero Isaac Díaz, académico de la USACH, advierte que el potencial solar y eólico de Chile no basta para garantizar una industria competitiva. El desafío será asegurar energía firme, transmisión y almacenamiento para convertir los proyectos en inversiones reales.
Chile enfrenta una paradoja energética que puede definir el futuro de su apuesta por el hidrógeno verde: posee uno de los mayores potenciales renovables del mundo, pero todavía enfrenta restricciones de transmisión, almacenamiento y seguridad de suministro. Para el ingeniero Isaac Díaz, académico del Departamento de Ingeniería Química y Bioprocesos de la Universidad de Santiago de Chile (USACH), esta brecha puede convertirse en el principal obstáculo para transformar la promesa del hidrógeno en una industria consolidada.
El diagnóstico cobra relevancia mientras el país actualiza su estrategia para 2026-2030. El Ministerio de Energía reconoce que el desarrollo del hidrógeno requiere infraestructura habilitante, reducción de costos, formación de capital humano y polos industriales que conecten generación y demanda.
La oportunidad económica es considerable. Un documento oficial del Ministerio de Economía señala que los proyectos de hidrógeno verde y derivados en desarrollo representaban, hasta febrero de 2026, más de US$30.000 millones de inversión, entre iniciativas aprobadas o en evaluación ambiental.
Sin embargo, Díaz plantea una cuestión central: producir hidrógeno mediante electrólisis no depende solamente de disponer de sol y viento baratos, sino de contar con electricidad disponible y confiable cuando se necesita. En ese escenario, el vertimiento de energía renovable —cuando la generación supera la capacidad de transmisión o demanda— podría convertirse en una oportunidad si se articula con electrolizadores y sistemas de almacenamiento.
La estrategia oficial ya incorpora un cambio relevante: además de promover exportaciones, prioriza la demanda interna, especialmente en sectores difíciles de electrificar como minería, industria química y combustibles sintéticos.
Finalmente, el desafío no es escoger entre fortalecer la matriz eléctrica o impulsar el hidrógeno verde. Ambos procesos están conectados. Chile podrá aprovechar su ventaja renovable solo si transforma esa abundancia potencial en suministro estable, infraestructura y proyectos capaces de operar con horizonte de largo plazo. La verdadera prueba será pasar de una cartera de iniciativas prometedoras a una industria financieramente viable y energéticamente resiliente.