La desinformación no se propaga únicamente por quienes crean contenidos falsos. La confianza entre familiares, amigos y grupos de mensajería puede convertir a cualquier usuario en un amplificador involuntario, mientras los engaños también pueden terminar en fraudes digitales.
Un mensaje que llega acompañado de un “por si acaso” puede parecer inofensivo, pero cada reenvío contribuye a ampliar el alcance de una información que quizá nunca fue comprobada. El problema adquiere especial dimensión en redes sociales y aplicaciones de mensajería, donde el contenido puede separarse rápidamente de su fuente original.
Los datos disponibles muestran que identificar una noticia falsa todavía representa un desafío. El estudio Lenguaje Digital de Kaspersky, elaborado junto con la consultora CORPA, señala que en Perú 51% de los encuestados afirma saber qué es una fake news, mientras que la identificación práctica de estos contenidos continúa siendo una dificultad. Las redes sociales son además el principal canal por el que los usuarios acceden a información falsa en los cuatro países analizados.
El problema no está únicamente en creer una mentira, sino en darle legitimidad mediante la confianza. Si un contenido desconocido llega a través de un familiar o amigo, el receptor puede asumir que esa persona ya verificó su autenticidad. Sin embargo, probablemente ocurrió lo contrario: alguien más lo recibió y lo compartió bajo la misma lógica.
La preocupación trasciende la desinformación. Un contenido falso puede incorporar enlaces hacia sitios de phishing, promociones inexistentes o formularios destinados a obtener información personal. Kaspersky ha advertido que los ciberdelincuentes utilizan cada vez más páginas fraudulentas y herramientas de inteligencia artificial para hacer sus engaños más convincentes.
Finalmente, la UNESCO también recomienda detener la reproducción de contenidos no verificados y verificar la fuente, credibilidad y propósito de la información antes de compartirla.