Un estudio publicado en 2026 revisó restos fósiles de la cueva ayacuchana y aporta nuevos datos sobre la fauna que habitó el lugar durante el Pleistoceno tardío y el Holoceno temprano.
La cueva de Pikimachay, en Ayacucho, vuelve a despertar el interés de la comunidad científica. Una investigación publicada en marzo de 2026 presentó una nueva evaluación de restos fósiles de fauna recuperados durante las excavaciones realizadas por el arqueólogo estadounidense Richard MacNeish en las décadas de 1960 y 1970. El análisis busca ampliar el conocimiento sobre el ecosistema que existió en esta zona durante el Pleistoceno tardío y el Holoceno temprano.
El estudio, elaborado a partir de materiales conservados en las colecciones del Florida Museum of Natural History, ofrece una revisión integral de los restos de animales extintos encontrados en Pikimachay. Estos materiales son relevantes porque permiten reconstruir las condiciones ambientales y la diversidad de especies que existieron en los Andes centrales durante periodos de grandes cambios climáticos.
Pikimachay es especialmente importante para la arqueología peruana debido a las afirmaciones realizadas por MacNeish sobre una posible ocupación humana muy antigua. Sin embargo, durante décadas esas interpretaciones fueron objeto de debate. Investigaciones posteriores cuestionaron que algunas de las piedras identificadas originalmente como herramientas fueran realmente producto de actividad humana. El propio Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú señala que especialistas determinaron que parte de ese material podría corresponder a rocas fracturadas naturalmente.
Recientemente los nuevos análisis realizados sobre materiales de la cueva han permitido distinguir evidencias más sólidas de actividad humana en estratos correspondientes a la fase Ayacucho. Un estudio petrográfico encontró que algunas piezas de aproximadamente 14.000 años presentan características compatibles con una talla intencional.